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domingo, 26 de octubre de 2014

¡CUIDADO! ¡ESO ES DE MAL AGÜERO!

Pocos, muy pocos lo confiesan.
Parece que les diera miedo o vergüenza decir que son creyentes de presagios, que tienen sus “zetas” o creencias especiales sobre ciertas cosas. En una palabra: ¡Que creen en la saladera! Pero quien mas quien menos, se sienten  por lo menos atraído con extraña curiosidad, por ese mundo extraño de hechizos y conjuros, cuya mejor demostración la dan las jugosas cuentas corrientes que manejan muchas personas dedicadas a la varilla de echar suertes y enderezar entuertos.
El caso en las canciones se presta mucho para argumentar a favor de los partidarios de la teoría que existen personas y cosas “saladas” y aun determinados discos tienen esa mentada saladera que algunos no pueden apartar de su mente y otros detestan ,tal vez porque le guardan recóndito temor.
Se ha dado en llamar ignorantes y atrasados a quienes esbozan siquiera la idea de credibilidad a tales asuntos, pero es innegable que aún en los tiempos modernos, la actividad continúa con buenos resultados para quienes la practican.
Desde luego ,hay quienes extreman la nota y ven salazón por todas partes, y para colmo de su angustia, sus allegados, lejos de ayudarle a encontrar los filtros que contrarresten malas influencias, le dan su descarga diciéndole que “todo aquel que cree en la saladera, termina salándose”.
¿Pero cómo hacer para no pensar en ello, si uno se está dando cuenta que cada vez que se pone el pantalón beige que sacó fiao y nunca pudo terminar de pagar, le ocurre algo desagradable?
Y para qué se lo pone, sería el consejo más que lógico de cualquiera, con la respuesta más que lógica también, que sólo tiene tres pantaloncitos y si le da de baja a ese, las cosas empeorarán, porque además su mujer, quien dice no creer en las malas influencias, no se lo permitiría.
Y cuando cierta mañana, al ir a tomar el periódico tirado por debajo de la puerta, se halló una rara humedad en el piso que se trasladó al periódico..No, no podía ser “meao” del perro porque este estaba todavía en el patio con puerta cerrada y todo.
Todo preocupado, pudiendo más en él las ganas de enterarse de lo que le pronosticaba el horóscopo que el temor a la misteriosa humedad, abrió el periódico para enterarse que ese día estaba en la olla, y que le aconsejaban tener cuidado.
El hecho que al día siguiente le aparecieran unas vejigas en la mano, con rasquiña insoportable, y que el periódico le cancelara su suscripción después de una gabela de seis meses para pagar el atraso, puede ser una coincidencia, claro, pero…también puede ser otra cosa.
Ese día, igual que el pobre Peraloca, le había dicho a su mujer que tenía que comprar 4 onzas de amoníaco para trapear la casa, pero como ella no cree, no las compró.
El mundo del disco tiene muchas muestras de este tema, pero no pretendemos simplemente referenciarlas, sino recoger con el testimonio de discómanos que han vivido esas situaciones, el caso de discos que parecen tener extrañas influencias.
Sí, claro, desde hace mucho tiempo los compositores e intérpretes han venido ocupándose del caso:
“El otro día yo fui/a casa de un babalao/pa’que mirara mi cuerpo/porque yo estaba salao/”.
El hermano Juan de la guaracha “Cuídate bien”,(1) que tanto se bailó en su tiempo, y el “Bambarito” de la Casino de la Playa(2), constituían verdaderas campañas publicitarias para uno y otro a niveles de ahuyentadores de espíritus.
El trío San Juan y los Tres Diamantes en sus respectivos momentos, hicieron sucesos con su “Brujería”(3) el primero y con “Embrujo”(4)el segundo y juran y perjuran los cronistas de la época, que hubo una vieja que mataba con brebajes a los novios que su hija tenía.
Celina contaba para aquellos mismos tiempos, que “Reutilio tenía muy mala entraña porque le habían trabajado con cabildos y bailes santos, con bembés y lo demás, para ponerle la cabeza donde tenía los pies”(5)
Exceptuando la canción de Napo Baltodano donde se lucieron Los Diamantes, en los demás casos el amansaguapo, la hierba Luisa, la Mejorana, y sobre todo el rompe saragüey fueron los antídotos eficaces, las contras seguras para salvar a las víctimas del hechizo
Al Bobby Capó en cambio no le fue muy bien porque a él le trabajaron en la parte sentimental sin que le dejaran recursos para salvarse, quedándole solo la opción de preguntarle a la mujer que le “trabajó” dónde había conseguido su brebaje para darle él uno igual. Esto sucede en su bonito bolero “Bruja”(6) que muchísimo pegó en el año 52.
Por los lados parroquiales, a Jaime Alvear lo clavó una tal Leonor que hizo que desde entonces lo llamaran “El Embrujao”(7),desde cuando grabó con ese título una pieza bailable.
Si tanta gente se ha ocupado tantas veces de este tema de los hechizos y sortilegios,por algo será, no les parece.
Sin embargo tocando o no tocando su lírica ese argumento, hay discos brujos, para bien o para mal, y lo mismo que la camisa,el pantalón, los zapatos, cierta persona, una casa, u objeto cualquiera de la misma, pueden determinar en un momento dado la extraña sensación que hace daño, hay discos que producen idéntica aprensión.
El “Espíritu burlón”(8) es uno de ellos, tal vez por la serie de situaciones tan desagradables que narra en su letra.
Mas recientemente el “Mala suerte(9)” de Henry Fiol no puede ser más explícito en la materia de tipos con saladera y eso nos hace pensar nuevamente en que algo debe existir en el fondo.
Si siete son los vicios y las virtudes, siete los pecados capitales, y los jinetes del Apocalipsis y siete también los días de la semana y las notas musicales, por lo menos se debe perdonar a quien le encuentre alguna relación a ciertas canciones con el asunto de la saladera.
Le explico: igual que Ud. Se siente incómodo cuando se encuentra con alguien que ya tiene registrado en el combo de los “salaos”, así hay canciones que cuando las escucha, ud sale corriendo  a cambiar la emisora o apagar el equipo porque teme, con razón, que le va a ir mal ese día.
Y digo con razón porque ya van más de tres veces que, escuchando ese disco, le ha ocurrido algo desagradable.
Sí, ya sé que esto parece tremendista, pero le aseguro que ha ocurrido, y esto ha convertido a ciertas personas en seres temerosos, huidizos que ya ven  en cualquier cosa algo malo y exclaman con frecuencia: cuidado, eso es de mal agüero.
No se puede precisar, eso sí, si la costumbre de ver fantasmas en todo les hizo hasta escucharlos en las canciones, o si el proceso fue a la inversa, pero es la verdad;  existe gente que le teme a que le pongan los zapatos sobre una silla, a que sienten a un bebé en una mesa,a que se le derrame el café, a ponerse unas medias al revés, o a pisar cierta tierrita rara en la puerta de su casa.
Ese es el mismo tipo que si pudiera Ud. Entrar a su casa a las 7 de la mañana de un lunes, lo vería lavando la suela de los zapatos, antes de prender la velita a las ánimas del purgatorio. No, no se trata de un desquiciado. Es un individuo perfectamente normal, pero tiene sus creencias y hay que respetárselas, especialmente cuando uno piensa que, si no en la intensidad que él, también a uno le han dejado al menos pésimos recuerdos ciertas canciones que vivieron su época de popularidad concomitante con muchas cosas desagradables para uno.
Ahora, que lo que a uno le cause mal a otro le produzca placer si es la eterna contabilidad de la vida, el debe y haber de la suerte casquivana y esquiva que con todos no es igual, pero la historia del disco que ha consignado los episodios vividos en todos los tiempos y lugares, avala la teoría que,…de que las hay las hay y el trabajo será encontrarlas.Mejor aún: que lo encuentren a uno, en cuyo caso ya no sería mejor, sino peor.
Pero como no hay mal que dure cien años, el creyente fervoroso de esas cuestiones llega también a superarlas, porque de tanto bregar en el cuento, pierde su manía de lavar los zapatos, de apagar el equipo y de horrorizarse por un remiendo en la camisilla.
Y lo pierde, no porque renuncie a sus creencias, sino porque los zapatos que se rompieron en mala parte no permiten lavados que empaparían su interior, el equipo está empeñado, ya no se usa camisilla porque el almacén donde fiaban cerró el crédito y hasta las ánimas de pronto se quedan sin velitas porque el IVA también cobijó el producto y entre comprar la vela o la papeleta del  café tinto, lo único para desayunar, la elección no es dudosa.

Y si Ud. Piensa que esta crónica es exagerada o la califica de cruel o pesimista, cambie inmediatamente de actitud porque los Viernes son días cabalísticos y al escéptico toca recordarle: cuidado con lo que haga un Viernes. Puede ser de mal agüero..

viernes, 5 de septiembre de 2014

AQUELLOS TIEMPOS DEL SACO PRESTADO

Desde cuándo dejaron de usarse los sacos para ir a los bailes?
No fue un lento proceso que metía uno por uno a los "patos" hasta dejar las fiestas llenas de tipos en manga de camisa. Lo raro es que fue de un tirón. Tanto lo fue, que el día que dejamos de asistir a un baile, cuando volvimos poco después, ya hicimos el ridículo vestidos con entero, camisa de cuello duro, y para colmo mancornas y pisa corbata.
Nos quedó el recurso de dejar el saco "fiao" en manos de la cumplimentada que no sabía si guardarlo en su cuarto o usarlo para limpiar las mesas de varios borrachitos que llegaron antes que nosotros. Después, adiós corbata, utilizar el pisa corbata como destapador de botellas y regalar las mancornas a la primera chica que se atrevió a bailar con nosotros vestidos de tal guisa, como diría Don Quijote, para que se hiciera unos aretes. No hombre no! Don Quijote no! La muchacha. De todos modos nos defendimos, cosa que no pasaba en los bailes de antes porque sí el tipo llegaba sin saco era imposible entrar de esa forma. Generalmente el "pato" era muy conocido; no, el ex-Ministro Abello Roca no; él en aquel tiempo andaría en las mismas que nosotros; nos referimos al elemento que quería meterse a un baile sin haber sido invitado ni siquiera por otro invitado. Había un tipo al que llamaban "el dueño del baile", se apostaba en sitio estratégico, y si uno quería colarse ahí estaba él, preguntando quién lo había invitado, y como uno no tuviera una explicación satisfactoria iba a dar con su humanidad a la calle. Creyeron entonces algunos que la situación se arreglaría inventando las cuotas o "poninas" en los bailes; pero resultó hasta peor. El "dueño del baile" no desapareció sino que se hizo plural: una pareja nada agraciada colocaba el distintivo en la solapa, una cintica verde, color naranja o beige y ay del que quisiera entrar por el hecho que podía pagar los dos pesos que costaba la entrada y sin ameritar alguna relación amistosa con alguien del festejo. El problema mayor que presentaban esos bailes, al menos para los estudiantes, era esa bendita indumentaria: los "enteros" sufrían de un tremendo mal: encogían en partes tan imprudentes que uno como no andaba enchaquetado todos los días, le daba "palo" al pantaloncito, y así cuando se iba a poner el saco, éste andaba más oscuro que el pantalón.
Se puso de moda entonces el vestido "combinado", tal vez porque los dulceros llamaban así a un sabroso bocadillo de guayaba con crema de leche. No demoraron en llamarlos "bocadillos", pero uno... maldito si le importaba  y seguía considerando que era "chic" ir de combinado a un baile. Y la verdad es que no estaba tan mal cuando uno podía conseguirse la remonta del vestido que usó papá para su matrimonio, le daba cepillo y gasolina toda la semana y de verdoso que era, volvía a ser negro. Entonces, aprovechaba el saco color "gallina javá" que le quedó de algún Diciembre porque el pantalón "peló el cobre" en el fondillo hacía rato. Una buena camisa y una corbatica azul oscuro con bolitas blancas, unos zapatos negros y estaba uno como para aparecer en un video. (lo malo es que en ese entonces no los había). Pero era muy raro que se presentara esta serie de circunstancias y a uno no le quedaba más remedio que salir a prestar un saco y el que consiguió era un saco color azul marino. Como se disponía era de un parcito de zapatos, tacón "comío" que eran amarillos corte águila y doble suela y un pantalón-el único que le quedaba bien- marroncito a rayas blancas, se resignaba uno a quedar como un esperpento. Se necesitaba en verdad alma de torero para ir con semejante facha a un baile. Claro que uno se consolaba un poco cuando veía a los otros "bocadillos", y escuchaba uno de los comentarios desde la ventana por parte de los mirones que ya gritaban-:Hey tú chaqueta e´tabaco"- "El saco como bandera de carnicería"- "oye, si tú, el que está bailando con la mona traje rojo, cuando para el saco ese me regalas un pichón oíste"-. Y ni qué decir de los "cacharros" que se presentaban con eso del saco prestao. Esto es rigurosamente cierto y ya uno de los protagonistas del squetch está en el Seno del Señor quien se lo llevó rápido por razones de seguridad, ya que mi hermano Rafael parecía que no las buscaba sino se las encontraba. Ocurrió que en mi vieja casa de la calle de San Blas hubo tremendo bailoteo el día de nuestra graduación. Teníamos un amigo odontólogo parrandero insigne, y por tanto vio brillar la aurora en el patio de la vieja e inolvidable casa. Como tenía tanta confianza con mi hermano Rafael le dejó el saco de su finísimo entero a guardar allá, y no volvió esos días. Otro amigo de mi hermano Rafael, también difunto él, se presentó buscando un saco prestao el sábado; mi hermano le mostró su vestuario, pero él era más corpulento que su amigo, y ni qué decir de buscar en el mío porque el único saco que yo tenía era el del vestido de grado, y ni de vaina que se lo prestara; pero Dios quiso que allí guardaran el saco del odontólogo amigo. El cliente se lo probó, le quedó de perlas y cargó con el fino saco. Me quieren ustedes creer que al baile al que fue el hoy difunto amigo estaba también el odontólogo? Pues estaba! Y el otro estaba inquieto porque un tipo desconocido para él, lo miraba y lo miraba, lo seguía a todas partes, se le acercaba hasta en la sala del baile llegando hasta a tocarle una manga. El difunto amigo dijo que en vista de tanta vaina lo primero que creyó era que el tipo que lo asediaba era del otro equipo y hasta descarao. Así que cansado de tanto vacilón le fue dizque a hacer "el paro": "Oiga cuadro: Usted qué es la vaina que me mira y me mira y me está tocando el saco"-"Hombre yo no quería decirte, pero en vista que te has alzado te cuento que te miro y te miro porque el saco que tienes puesto es mío" -La que se armó! Uno decía que era imposible, que estaba loco o borracho, pero que mirara en el bolsillo interior donde estaba grabado su nombre en bordado especial. Trágame tierra! El muchacho arrancó dejándose una conquista a medias, y a eso de las 2 de la mañana fue a levantarnos la casa a patás por la jugada que le habíamos hecho. Cuando Rafael y yo nos levantamos a ver qué pasaba, a la distancia venía también el odontólogo con un saco puesto y otro en la mano a reclamarle a Rafael. Por qué había prestado sin su consentimiento aquel saco?!. Afortunadamente aquel episodio entre tipos cultos y muy amigos terminó en risas, mamadera de gallo y una amanecida en la puerta; pero en otros casos hubo hasta muertos por el saco prestao.